La historia le regala a Atenas un lugar privilegiado. En sus vitrinas cargadas de copas tendrá un sitio especial para el título de liga 2008/09 que ganó finalmente en Mar del Plata al superar en el sexto juego a Peñarol por 83-91. Ante un Polideportivo que explotó de gente, el conjunto cordobés sacó pecho, fue superior y dominó hasta sacar 20 puntos de ventaja. Sobre el final, por orgullo, Peñarol se le vino encima, pero apareció André Laws, el MVP de las finales, para darle la tranquilidad para cerrar el juego y el campeonato.
Córdoba para los cordobeses. Su orgullo y pasión los moviliza. Construyeron de las pobres últimas versiones un equipo con representatividad que termina coronándose campeón de la Liga Nacional después de 6 años de sequía. Rubén Magnano, Leo Gutiérrez, Bruno Lábaque, Diego Osella, Juan Pablo Figueroa, todos identificados con el corazón griego, dos buenos americanos, el mejor nacional en el puesto que faltaba (Locatelli) y un banco confiable para saltar a la cancha. Este conjunto hizo del interés grupal y el objetivo final su causa común.En épocas donde el egoísmo reina en la sociedad este Atenas tiene muchas cosas para envidiar, desde su idea grupal y sin estrellas, hasta la decisión dirigencial de salir de su nido donde juega calentito y protegido, a un estadio que lo recibiría frío y distante. Pudo haberla perdido, pero la ganó igual. Cediendo su localía a favor del desarrollo, venta y popularidad del básquetbol. Por eso se enganchó la gente de Córdoba, por la identidad del equipo y por la apuesta dirigencial. Siempre fueron a más, aún no jugando bien, siendo vistosos a cuenta gotas, pero con un corazón en la entrega conmovedor.
El partido que le da el título fue atípico y sin dudas inesperado. Nadie (ni ellos mismos) podían sospechar que sacarían 20 puntos de diferencia en el tercer cuarto. Pero la serie se fabricó a medida de los mejores guionistas de suspenso ya que brindó rating los 40 minutos de partido. La distancia se evaporó, Peñarol se puso en juego y brindó otro final emocionante.
Atenas hizo uso y abuso de la confianza de haber ganado el quinto juego mientras supo siempre que Peñarol estaría como estuvo: atado. El conjunto de Sergio Hernández sólo logró soltarse cuando debió salir obligado a quemar las naves. Cuando encontró una formación atípica en cancha (sin Jackson, sin González, sin pivote en cancha)
“Atenas se animó a hacer cosas que antes no hacía. Ellos estuvieron igual de agresivos que siempre pero más audaces”, dijo Sergio Hernández en la conferencia. La ventaja de saber que tenían margen de error hizo que Atenas disfrutara de tomar riesgos (y lo hizo con acierto), mientras que Peñarol por el contrario se mostró con más cautela de la necesaria, frenado por la sola idea de no cometer errores.
El estadio fue una fiesta conmovedora cuando empezó el juego. Hubo 8000 personas alentando al local, con su clima futbolero como se vive en Mar del Plata y más de 200 hinchas cordobeses que se hicieron sentir. Este contexto debió influir en el ánimo de los jugadores. Es difícil en nuestra liga encontrar un parangón semejante en cualquier otro partido.
El resultado fue un Peñarol atado (de mente y piernas) y un Atenas mucho más decidido a tomar riesgos. La prolijidad de ensayar una ofensiva dibujada de pizarrón hacía que Atenas corte línea de pases y salga rápido de contraataque. Fue un festín cordobés el inicio con cortes de balón, salidas precisas, bandejas en ataque rápidos con superioridad. La distancia se hizo de 15 puntos en apenas 6 minutos (4-19).
Pero toda la temporada fue igual, Peñarol levanta una piedra y abajo aparece el gol. Siempre tuvo una respuesta a mano. En apenas 3:50 cuando lucía perdido y errático colocó un parcial 18-7 para volver al partido. Hubo una sola explicación pero dividida en dos para que esto pase. La rotación en ambos equipos. La salida de Kanté y Locatelli frenaron a Atenas y el ingreso de Diez y Vega ayudaron a Peñarol.
En el segundo cuarto llegó la paridad (26-28) pero Atenas por primera vez en la serie lucía más entero, con mejor ofensiva que su rival, disfrutando de buenos porcentajes y tiros más cómodos. Regresó Juan Manuel Locatelli que cerró el primer tiempo con 11 puntos y 100% de cancha, hubo importantes 5 puntos de Ferrini y ambos en coincidencia cuando Magnano apostó con Locatelli de dos y Ferrini de tres.
Peñarol bajó el nivel de pérdidas de 8 a 2 en el segundo cuarto, pero se quedó sin peso ofensivo. Hubo carencia absoluta de juego interior y sobrevivió únicamente con su poder de gol perimetral (y Jackson apagado).
La distancia se había hecho de 11 al final del primer tiempo 35-46 con Atenas como claro dominador y el tercer cuarto fue el más desparejo de la serie completa. Hubo un solo equipo en la cancha que fue Atenas.
Con notable facilidad el conjunto cordobés construyó una ofensiva más dinámica basada en la sencilla receta del rompimiento al canasto. No buscó el juego de pases, no necesitó de un base más que para subir la pelota y no usó el pick and roll como eje de la ofensiva. Se dedicó a romper al canasto y descargar ante la doble marca si no tenía tiro. La clave individual fue Bruno Lábaque que se adueño de la pelota y el partido, metió 11 puntos en el segmento, acompañado por Ferrini con 7.
A Peñarol comenzó a invadirlo los nervios y los triples no llegaban. Metió uno solo en el segundo cuarto (1/5) y ninguno en el tercero (0/5). Con apenas 1/10 en triples en 20 minutos, la cancha se le puso cuesta arriba al milrayitas. Además a esta altura ya había recibido tres cuartos de 20 o más puntos del rival ¿Cómo harían para ganar?
De todos modos el partido tenía como siempre reservado una dosis de emoción en frasco grande para el final. Sergio Hernández optó por lo único que le quedaba: presión todo el campo para forzar errores del rival, mucha doble marca, muchas piernas para intentar dar vuelta la historia.
Para tal fin debió sacarlo a Román González, ya que no tiene velocidad suficiente para meter la presión todo el campo y volver como los bomberos. Puso a un doble 4 (Diez y Johnson) y debió utilizar a Tato Rodríguez de escolta ante la lesión de Jackson. Esta formación le trajo todo tipo de problemas a Atenas.
“Peñarol es un equipo que depende mucho de Jackson y Gónzalez”, dijo Magnano en la antesala de la serie. De repente, jugando los minutos más calientes de la serie, ninguno de los dos estaba en cancha. ¿Y entonces, a quien debía marcar Atenas? Vale decir, no solamente se confunde por la presión todo el campo que le hace cometer 5 pérdidas, sino que pierde el horizonte en la defensa del 5 contra 5. Atenas no sabía a quien marcar.
Entonces Peñarol empezó a descontar la diferencia hasta llevarla a nueve puntos (65-74 a falta de 6:40) Lamentablemente el árbitro Alejandro Ramallo se equivoca en una pelota de fácil decisión otorgando falta a Alejandro Diez sobre Kanté, cuando fue foul en ataque de Djibril. Diez había tomado posición del lugar al menos un segundo antes. La protesta irascible del pibe le corresponde lógicamente un técnico y de poder tener la bola para estar a 7 pasaron a perder por 12. Peñarol que había sido menos que Atenas todo el partido, ahora protestaba una falta para volver a ingresar en el terreno de la discusión. Es tan verdad que el cobro lo perjudicó dándole vida a Atenas en su peor momento, como que Atenas fue muy superior como para disfrutar de una ventaja de 20 puntos.
Esa falta de todos modos no frenó a Peñarol que siguió descontando la diferencia hasta ponerse a 5 puntos (83-88) a falta de 1:50. Allí aparecieron los dos mismos jugadores que sepultaron el juego 5 de la serie: Juan Pablo Figueroa y Andre Laws. El base subió con acierto la pelota ante la defensa extendida del rival y anotó un triple clave sobre la chicharra de 24 segundos. Mientras que el escolta tomó todas las decisiones difíciles del final incluyendo el triple de la victoria (83-91), saltando sobre la marca desde 7 metros, con mucha parábola, para enterrar toda posibilidad milrayitas.
El último minuto estuvo de más, la impotencia del local errando los dos últimos intentos de tres puntos, la bola que no entra y todo que se cierra para Atenas que fue inteligente para administrar los nervios iniciales, sacarle provecho a un atado Peñarol y luego aguantando merced a la diferencia que sacó. Durante toda la serie Atenas supo cerrar mejor los juegos. Esta virtud de equipo grande, maduro, sereno en momentos calientes, le valió un título. Uno de los más festejados de la historia.
Síntesis
Peñarol (83): Sebastián Rodríguez 20, David Jackson 11, Fernando Malara 13, Byron Johnson 4 y Román González 9 (FI), Alejandro Diez 10, José Muruaga 6, Sebastián Vega 2, Facundo Campazzo 0, Lucas Picarelli 6 y Alejandro Reinick 2. DT: Sergio Hernández
Atenas (91): Juan Pablo Figueroa 3 (x), Andre Laws 21, Juan Manuel Locatelli 13, Leonardo Gutiérrez 13 y Djibril Kanté 8 (x) (FI), Bruno Lábaque 14, Diego Osella 0, Federico Ferrini 12 y Cristian Romero 7 - DT: Rubén Magnano
Parciales: 22-26, 35-46, 53-71 y 83-91
Árbitros: Fernando Sampietro, Alejandro Ramallo y Fabricio Vito
Estadio: Polideportivo “Islas Malvinas” (8200 espectadores)
Serie: 4-2 Atenas Campeón

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